¿Sabías quién fue Romerito?

A veces, la realidad supera la ficción, y es que esta historia es tan maravillosa que solo podía ocurrirle a un torero único, a un hombre genial cuya vida fue siempre el toro. Por eso, solo a Antoñete podía ocurrirle contar con la amistad de un toro, Romerito,  quien había sido aprobado en una tienta organizada por la familia Capea, y que tras su aprobación había sido regalado al maestro Chenel como parte de un trato.

Sucedió que un día, “a punto de terminar el otoño, Antonio se dispuso a varear las encinas para que estas, al caer, sirvieran de alimento al tropel de vacas. Romero, indiferente, no mostró intención de ataque a su ganadero, el cual seguía a lo suyo, en sus labores de vareo y repaso a las vacas, pero en modo de alerta por si tocaba ponerse a cubierto tras repentina arrancada del semental […]. Un día, la rutina rompió en imprevisto cuando la distracción por un momento del experto matador hizo que sintiera en su empeine del pie izquierdo la pala de un pitón. Era Romero […]”.  Sin embargo, “no ocurrió nada. Al cabo de un tiempo, el animal se alejó despacio y su cuidador pudo respirar tranquilo […]. Tras este incidente, cada día el ganadero se acercaba al toro tomando precauciones con el ánimo de disfrutar de la curiosidad y del miedo. Se llenaba los bolsillos con bellotas, y las lanzaba unos metros para que Romero las comiera hasta conseguir que las tomara de su propia mano. Se cuenta incluso que el animal, antes de girar la cabeza tras comerlas, andaba un paso para atrás para no golpear a su amigo Chenel”.

Es la historia de Romero, un toro bravo que respetó de manera inexplicable a Antoñete, y que cuando en alguna ocasión salió de la finca de vuelta a casa de Capea para padrear, se mostraba agresivo nuevamente, así cambiando de temperamento una y otra vez mientras volvía con su amigo Antoñete.

*Más info: https://www.cultoro.es/cultorizate/instantes-del-tiempo/2014/4/25/romero-un-amigo-de-antonete-3956.html

 

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