¿Sabías lo difícil que llegó a ser la relación entre Tauromaquia e Iglesia católica?

Es realmente curioso, pero la relación entre Tauromaquia e Iglesia católica ha llegado a estar, en ocasiones, absolutamente rota. Y es llamativo porque el común de los festejos taurinos surgen en torno a la festividad del santo patrón de cada localidad, como podemos observar, sin ir más lejos, con Madrid, que celebra San Isidro, o nuestro Jaén, con San Lucas. Excepciones hay, claro, como Sevilla, con su feria de abril.

Pues bien. Lo estrecho de esta realidad no sirvió de nada para papas como San Pío V (a. 1567), quien, en su bula “De salute gregis Domini” llegó a decir que “prohibimos terminantemente los vergonzosos espectáculos de las corridas de toros, propios, no de hombres, sino de demonios, bajo pena de excomunión y anatema ipso facto […]”. Esta prohibición se fundamenta, según dicen, en un doble motivo: por un lado, la Iglesia consideraba que la vida era un regalo de Dios y que el hombre no podía ponerla en juego de manera tan libre; por otro lado, siempre era bueno que la Iglesia no perdiera hombres valientes de a pie que, en un momento dado, pudieran servirle para hacer frente a sus necesidades.

La relación tiene, además de este hecho, otro de extrema gravedad, como el ocurrido en 1920 tras la muerte de Joselito el Gallo, a quien la Iglesia, seguida del empuje de parte de la aristocracia, se negaba a enterrar conforme a la tradición religiosa. Tuvo que mediar el canónigo y escritor Juan Francisco Muñoz y Pabón, quien consiguió que Gallito, fiel cofrade de la Macarena, fuera enterrado por la Iglesia. En contraprestación, el pueblo de Sevilla le regaló una pluma de oro que siempre pensó que no merecía y que, en consecuencia, quiso regalar a la Virgen, luciéndola en el fajín cada madrugada.

Información extraída de http://www.galeon.com/juliodominguez/2010b/pluma.html y http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2016/10/26/religion-iglesia-opinion-antonio-aradillas-la-iglesia-oficial-no-quiere-toros.shtml

Anuncios