¿Sabías cómo se suplía antiguamente el actual sorteo?

Hay cuestiones que parecen inherentes a la Tauromaquia, pero, nada más lejos de la realidad, podemos conocer en la historia que son una novedad más o menos reciente en la historia de la corrida de toros. Una de estas realidades es la del sorteo, que “se impone definitivamente en 1900, justamente el año después de la retirada de Guerrita”.

Sucede que el torero cordobés abusó en muchas ocasiones de la Tauromaquia por ser el torero más importante de su época, y consecuencia de ello -nos cuenta Domingo Delgado de la Cámara en su muy recomendable obra Entre Marte y Venus– aparece el sorteo. “Siempre habían sido los ganaderos quienes fijaban el orden de salida de los toros, siguiendo todos el mismo criterio: el primero era el más bonito; el segundo era también un toro de bella estampa; el quinto era el de mejor nota; el cuarto solía tener también muy buena nota. Para tercero y sexto se dejaban a los toros más chicos y de menos confianza. Todo esto tenía una lógica: al matador más nuevo y menos puesto se le dejaban los toros más pequeños; los de mejor estampa abrían plaza para impresionar agradablemente al público, y los toros de mejor nota iban en la segunda parte para que la corrida fuese hacia arriba y que el público saliera con buen sabor de boca. Estaba todo muy bien pensado”.

Este criterio, que dio paso a la coloquial expresión de “no hay quinto malo”, deja de ser una realidad debido a que los ganaderos, sabedores de que “el Guerra es quien mejor luce sus toros, reservan para él los toros más bonitos y de mejor nota. Esto molesta enormemente a los otros toreros, especialmente a Mazzantini, que quiere que los toros sean sorteados la mañana del festejo”.

*Entrecomillado extraído de DELGADO DE LA CÁMARA, D. Entre Marte y Venus (Breve Historia crítica del toreo), (2014), Yeguada Marqués, Madrid, pp. 54 y 55.

 

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