¿Sabías quién es el perro Paco?

Hay veces en las que se producen historias en torno a la Tauromaquia que difícilmente pueden darse en ningún otro espacio. Es el caso de la que hoy les queremos ofrecer, y es que en el Madrid de finales del siglo XIX hubo un personaje de la sociedad bastante particular: el perro Paco.

Todo ocurre cuando don Gonzalo de Saavedra y Cueto -marqués de Bogaraya y alcalde de Madrid al tiempo de ocurrir esta historia- y sus amigos se cruzaron con el perro una noche y decidieron, en son de broma, “darle de comer entre el jolgorio general, llevarlo al Café de Fornos, arrimarle una silla y subirlo encima”.

La popularidad del marqués hizo que trascendiera aquella anécdota, y desde ese momento el perro – que aquella velada quedó bautizado como Paco –  se convirtiera en un personaje conocido de aquel Madrid, y que “cada noche, se dejase caer por el Café de Fornos”, mientras que “los camareros, por orden de sus dueños, le dejaban pasar como a un parroquiano más”. Pero no todo queda ahí, y es aquí cuando llega lo taurino de la historia: “Lo que más le gustaban a Paco eran los toros. Los días de lidia, los madrileños subían a la corrida por calle Alcalá arriba, y Paco subía como uno más. Ocupaba una localidad como cualquiera y asistía al espectáculo de principio a fin. Muerto el toro, le gustaba saltar a la arena y hacer unas cabriolas, para regresar a su asiento con los clarines que anunciaban el siguiente toro”.

De este perro dio cuenta Sobaquillo en algunas de sus crónicas, y Barbieri Archidona, en la revista El Ruedo, sostiene que el perro Paco llegó a ser propiedad de Frascuelo. La divertida historia del perro Paco, quien también gustaba de ir al Teatro Apolo, es, sin lugar a dudas, tan simpática como original, pero lo cierto es que Madrid respetó y quiso a aquel perro que llegó a ser disecado tras su muerte para, posteriormente, ser enterrado en el Retiro.

*Entrecomillado extraído del libro Frascuelo, de José Manuel Mójica Legarre, editorial Aqua, 2009, pp. 139-142

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