¿Sabías lo importante que llega a ser un cabestro en la ganadería brava?

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Los cabestros, también llamados bueyes o mansos, son un elemento fundamental dentro de las ganaderías de toros bravos. Sin su presencia, es del todo imposible la conducción de los toros y vacas, labor fundamental para enchiquerarlos o apartarlos en los cercados.

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Esta simpatía creada entre cabestros y bravos se debe a que el ganado bravo es un animal que vive en manada, siendo el manso “imitado y seguido por el de lidia hasta el punto de convertirse en su auténtico conductor, lo que pone de manifiesto la timidez de este, su instinto social de manada y, por supuesto, la aceptación de su defensa en masa, mostrando su pacifismo”*, y es que, como sabemos, el ganado bravo solo ataca cuando ve violado su territorio.

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En palabras de José Luis Prieto Garrido, miembro del equipo veterinario de la plaza de toros de Córdoba desde 1990, nos resulta interesante leer que “los cabestros han supuesto uno de los principales objetivos del oído del toro bravo, y no es este, precisamente, su sentido principal, ya que le es de escaso uso. Prácticamente solo lo utiliza para distinguir aquellos ruidos que le interesa conocer, como pueden ser los cencerros de los cabestros en la oscuridad”**.

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*PRIETO GARRIDO, JOSÉ LUIS, El toro bravo en el campo, Almuzara, 2008, pág. 90.

*PRIETO GARRIDO, JOSÉ LUIS, El toro bravo en el campo, Almuzara, 2008, pág. 89.

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